Años atrás un libro era un regalo muy recurrido. (Recuerdo la ilusión que me hacía recibir un libro – o más de uno, ¡felicidad absoluta!) Un libro por el cumpleaños, las Navidades, como premio por las buenas notas, para animarnos…
¿Dónde ha quedado el espíritu de aquel eslogan “Regala un libro”? No digo que no quede algún nostálgico por ahí, pero seamos realistas: ¿Cuándo fue la última vez que nos regalaron un libro o que nosotros hemos regalado uno?
“Es que regalar un libro es algo muy personal… ¿Y si no le gusta?” Pues se soluciona regalando dos libros de temática diferente. ¿Y si en vez de partir de un ¿Y si no?, partimos de un ¿Y si sí? ?
Un libro regalado puede suponer el descubrimiento de otro mundo. ¿Y si resulta que el libro abre ventanas nuevas a paisajes desconocidos? ¿Y si la persona a la que le hemos regalado el libro, descubre que leer aporta mucho más de lo que esperaba?
Retomemos las viejas costumbres: ¡Regala un libro!